Mostrando entradas con la etiqueta Reflexiones. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Reflexiones. Mostrar todas las entradas

sábado, 19 de marzo de 2016

Sociedad del exceso

Nueva entrada hoy, después de mucho tiempo sin abrir el blog. Han pasado demasiadas cosas y confieso que ni me acordaba de que tenía un blog a medio hacer, a medio construir. Sin embargo la cabeza ha seguido trabajando y reflexionando, tanto, que hasta se me dificulta la tarea de poder escribir el gran volumen de datos, historias y locuras que albergo.
Me viene al pelo esta introducción para empezar con el tema de hoy: la sociedad del exceso. Seguro que lees el título y se te ocurren mil cosas que te hacen conectar con tu realidad y que son fácilmente relacionables con éste. EXCESO, es la palabra.
Nos encontramos en una sociedad cambiante, a un ritmo que asusta, desordenado, caótico, veloz. Vamos tan rápido como el timeline de nuestro facebook, cada día mil noticias, mil estados, informaciones que abruman, información por todas partes. Vemos las noticias, revisamos el email, revisamos twitter, damos una vuelta por instagram,a veces recordamos que tenemos un blog y también queremos dedicarle algo de tiempo, revisamos los grupos de whatsapp (y contestamos, no a todo, que no hay tiempo ahora), grupos y conversaciones en telegram... hasta hablamos a veces con las personas que nos encontramos. Estamos en todas partes a todas horas, desde la silla del trabajo, desde el sofá de casa, desde la silla del bar donde estamos tomando café y me estás contando lo mal que lo has pasado hoy mientras se lo cuentas a 20 personas más a través del móvil, yo te escucho y contesto a 3 grupos que están muy animados hoy, y que han captado mi atención. A todo esto yo le llamo exceso de información.
Solo de escribir esto ya me siento en ese agobio permanente que nos suele acompañar.
Exceso de información... y de conexión. Exceso de atención y de "multitareísmo". ¿Dónde estamos? Para, siéntate y hazte esa pregunta, pero deja el móvil lejos mientras te la haces. ¿Cuál es tu respuesta?
Exceso de información y de conexión porque se sostienen en el exceso de aparatos que necesitamos (y ya deseamos), para poder estar conectados y (des)informados. El móvil, grande para que se vea todo (¿sino que hago con mi "multitareísmo"?); el ipad, pequeño para que quepa en el bolso pero suficiente para tomar notas en las reuniones, y jugar en el sofá a cualquier juego absurdo que me hace pasar las horas muertas (¿muertas?), o matarlas como excusa para poder parar (que no desconectar); el portátil, pieza fundamental, ¿cómo estaría escribiendo ahora esto?, ¿como realizo informes, presentaciones, gestión de redes y mirar alguna serie?; el sobremesa, el veterano de los cacharros, fiel y siempre conectado, proveedor oficial de música de esta casa, el que tira del Photoshop, del Illustrator y de mil apps más sin despeinarse; la TV (con ONO, claro), la minicadena (que sobrevive porque tiene usb); etc. Estoy conectada, estamos conectados, y al final la vida depende de que la línea eléctrica y la telefónica funcionen bien.

El exceso nos engulle...

Necesito parar, que no pase el tiempo tan rápido. Disfrutar.
Necesitas parar, que no pase el tiempo tan rápido. Disfrutar.

miércoles, 27 de febrero de 2013

¿Cuánto somos capaces de aguantar? (I)

Pasan los días, las semanas, la vida en el centro es rápida y muy dinámica. Cuesta mucho encontrar esos momentos de parada, de reflexión, de mirar el entorno más despacio, más detalladamente, más cuidadosamente...

Trabajar con personas es toda una aventura, trabajar con adolescentes es mi aventura ideal. Suena duro, lo es, pero más difícil y más duro es para ellos donde cada uno tiene una historia muy trascendental detrás suya. Aventureros con mochila, mochileros de la vida, la cual pesa a veces demasiado (la vida... y la mochila). Analizándolo, a veces me cuesta creer que estos chavales sean capaces de salir adelante (con toda la complicación que añade la etapa adolescente), y la cantidad de herramientas, a veces acertadas y otras veces no, que tienen que poner en marcha para sobrevivir. Son chicos que han tenido que inventar estrategias de supervivencia, de crear muros emocionales infranqueables, de buscar la "emoción 0" para evitar más dolor o de optar por conductas de huída, ligadas al consumo. Son grandes escapistas, los Houdini del siglo XXI en una sociedad que aprieta, que excluye y que tiende al individualismo más severo y consumista. Una gran rueda donde la envidia, el conformismo, el materialismo y la falta de valores golpean cada uno de los momentos que vivimos.

"Escapista emocional", término que se me ocurre al analizar ciertas conductas de algunos chicos con los que trabajo, pero fácilmente extrapolable al entorno que nos rodea. ¿Quién no ha intentado huir de alguna situación por no sufrir/hacer sufrir? ¿Quién no se ha mostrado indiferente alguna vez (por orgullo, por cuidado,etc.) ante algo que podía hacerle sentir bien/mal? ¿Es que no hemos sido todos escapistas alguna vez?

¿Qué herramientas podemos poner en marcha como educadores, como personas, como familia, como amigos, como pareja, para traspasar esas fronteras y llegar hasta el lugar donde se esconde el/la Escapista Emocional?

Os invito a reflexionar sobre este término, yo haré lo propio y lo iré desarrollando en futuras entradas.


viernes, 22 de febrero de 2013

El amor humano es limitado

Para empezar con este blog, lo haré con algo que he aprendido hoy. Quizás ya sabía, o más bien intuía, que el amor humano es limitado, pero hoy me ha sorprendido por dos cosas: una porque está comprobado científicamente y otra porque lo han comparado con un cajón de calcetines.
Ponen sobre la mesa estas afirmaciones, y el estado de shock es inmediato, seguido de la cara de sorpresa, análisis de la frase, reflexión y posterior asentimiento. Ese es el orden de los procesos cuando te dicen algo que no esperas o que no sabes, o al menos el mío. Como siempre me he quedado atrapada en el momento de la reflexion y las dudas y preguntas internas no han sido pocas, ¡Cómo no! No puedes compararme el amor con un cajón de calcetines y no hacerme pensar.
Lo realmente descolocante ha sido la comprobación científica. Si existe, es que alguien o un grupo de personas han podido racionalizar el amor, darle tamaño y cantidad y saber cuanto somos capaces de dar y cuando se acaba. Sorprendente cuanto menos. ¿La calidad debe ser cuantificable también? ¿Podemos hablar de amor en términos cualitativos, cuantitativos y, sobre todo, podemos transformarlo en algo finito? Raciones de amor. Bolsas de amor. Amor envasado. Fábricas de amor. ¿Si tiene fin y cantidad, tiene precio? Capitalismo de amor, porque amor al capitalismo hay hasta dejarlo de sobra...
¿Y el cajón de calcetines qué? Cada calcetín es un vínculo afectivo creado, y claro, tan sencillo como: cajón lleno, ya no caben más. Calcetines viejos y rotos que te da pena tirar porque tienen algún significado, calcetines sin pareja, en fin, calcetines. Si no caben más hay que deshacerse de algunos para que puedan entrar los nuevos, sino, no hay sitio.

¿Cuántos calcetines viejos somos capaces de almacenar...?